Ecomuseo Minero Valle de Samuño

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Como bien os adelantamos el lunes, en este puente, hemos estado de visita en el Ecomuseo Minero Valle de Samuño. Zona de cuencas mineras, y en la que en la actualidad algunas minas están reconvertidas en museos, como está que os contamos hoy.

LLegados a la estación de El Cadavíu dispuestos a coger el tren que nos llevaría por el interior de la mina y, finalmente al Pozo San Luis, en La Nueva.

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Historia del Pozo.

El agotamiento paulatino del carbón de las minas de montaña y la posibilidad de aumentar la productividad que ofrecía la explotación de las capas de carbón bajo el nivel del valle, animo a Carboneras de La Nueva a comenzar en dos ocasiones la profundización de pozos verticales.

En 1919 estaban proyectados dos pozos gemelos para La Nueva, el lugar más idóneo para atacar desde él las capas de todas las concesiones y minas de montaña de la empresa, y también el lugar donde el angosto valle permite una amplitud mayor, uniéndose al grupo de las primeras empresas mineras que profundizan pozos de extracción vertical en Asturias. Pero la aguda crisis que afectó al sector carbonero asturiano tras la Gran Guerra, precipitó la decisión de paralizar la profundización a 72 metros. En 1926, Carboneras de La Nueva contaba con 753 obreros y una producción de 118.989 toneladas, situándose entre las cinco primeras emprsas mineras asturianas por cantidad de carbón extraído. Invirtió 3 millones de pesetas en mejorar y ampliar sus instalaciones; fábrica de subproductos en Camellera (Ciañu), vías, ventilación, etc.

La segunda profundización llega en 1928 de la mano de la Real Compañía Asturiana de Minas, propietaria de Carboneras de La Nueva desde 1924. Comienzan los trabajos el 30 de julio de 1928, a poca distancia del anterior pozo incluso, con un diámetro de seis metros (el más ancho de Asturias). Antes de iniciar las obras se hizo necesario variar el cauce del rio Samuño y embovedarlo con un túnel de 130 metros de largo, además de desplazar la carretera. Se profundizaba a una medida de 19 metros al mes. En 1929, Carboneras de La Nueva contaba con 860 obreros en el interior y 200 en el exterior.

En 1930 se dan por finalizados los trabajos, llegando a los 288 metros y cuatro plantas, convirtiéndose en el pozo asturiano de mayor profundidad. Antes del final del año fue bautizado con el nombre de Pozo San Luis, posiblemente en honor a Luis Hauzer, presidente del consejo de administración.

En 1932, la empresa contaba con 800 obreros, de los cuales 200 trabajaban en el exterior y 60 en la fábrica de subproductos de Camellera. La producción aproximada era de 120.000 toneladas de carbón al año.

Tras la Guerra Civil se plantea un pozo auxiliar para el San Luis que nunca se llegará a concluuir, aunque sí se amplia la casa de máquinas para una nueva máquina de extracción que nunca sería adquirida, dotando al edificio de su actual simetría. El plan de racionalización establecia también una enorme reforma en las instalaciones de Camellera que, si bien habían sido consideradas las más modernas en su época, a principios del siglo XX, en los cuarenta ya estaban obsoletas.

Tener dos pozos perfectamente equipados fue un luo que se descartó por suponer un coste muy elevado y un gran plazo de ejecución. De este modo, quedó configurado el Pozo San Luis como lo podemos contemplar actualmente, con un pozo único unido a una espectacular casa de máquinas, diseñada para dos pozos gemelos.

En 1945, el personal del pozo ascendía a 748 trabajadores, de los cuales 5 eran mujeres y 2 niños entre 14 y 16 años.

En 1947, se llevó a cabo una reprofundización que dotó al Pozo San Luis de dos plantas más, 5ª y 6ª, alcanzando los 425 metros. La máquina de extracción debía enrrollar ahora unos 100 metros más de cable por lo que los viejos tambores fuerons sustituidos por otros de mayor tamaño.

En 1960, en el Pozo San Luis había un total de 870 trabajadores.

A partir de 1964, vista la ineficacia de los planes destinados a aumentar la productividad, se reduce el número de trabajadores no productivos, como vigilantes, y se concentra la extracción en los lugares más ricos del interior.

1968 es el año de la integracción de Carbones de La Nueva en HUNOSA, la empresa estatal. A partir de mayo de 1969 se cierran las actividades de explotación sirviendo desde entonces las instalaciones del San Luis como auxiliares del vecino Pozo Samuño, desde el cual se concentra la producción de todo el valle. En enero de 1970, solo quedaban en el Pozo San Luis 75 trabajadores.

Debido a su papel secundario desde entonces, HUNOSA no acometió reformas sustanciales en el Pozo San Luis, conservándose de ese modo casi todo su patrimonio histórico intacto hasta nuestros días.

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Conjunto Minero.

El conjunto del Pozo San Luis es el más bello de los pozos mineros asturianos. Su importancia patrimonial, con edificios y maquinaria originales bien conservados, le ha valido su declaración como Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico Artístico.

Fue profundizado a finales de los años veinte por la empresa Carbones de la Nueva, filial de la Real Compañía Asturiana de Minas. La espectacular Casa de Máquinas (1930), conserva en su interior su máquina de extracción original que, junto con el Castillete roblonado, forma uno de los conjuntos más interesantes del patrimonio industrial nacional.

El Pozo San Luis se compone, además, de otros edificos e instalaciones singulares: el Socavón Isabel (1904), edificios auxiliares como la Fragua, la Carpintería, el Botiquín y el Chigre, módulos añadidos en distintas épocas según necesidades. El Taller mecánico, de los años sesenta del pasado siglo, la Casa de Aseo (1935), la Lampistería o Lamparería (1934) y el Edifico de Oficinas (1953).

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Casa de Máquinas.

Edificio de la Casa de Máquinas del Pozo San Luis, de Carbones de La Nueva. Construido en 1930 y ampliado c. 1943. Proyecto atribuido al arquitecto de la Real Compañía Asturiana de Minas, D. Tomás Acha Zulaica.

La Casa de Máquinas preside el conjunto del Pozo San Luis con su peculiar silueta, un ejemplo de arquitectura al servicio de la industria cuyo interés reside no sólo en la parte arquitectónica sino también en la colección de maquinaria que alberga. A través de los cables que parten de la máquina de extracción, permanece unida al castillete, el otro gran protagonista del conjunto.

Este edificio, el de mayo interés patrimonial de todo el Valle de Samuño, tiene planta rectangular con una superficie cubierta de 782 m2. Consta de un sótano y planta principal. Por su parte posterior, tiene un edificio adosado: una subestación eléctrica de dos plantas, perfectamente integrada.

Interiormente se divide en tres tramos de dimensiones aproximadas: el tramo oeste, donde se alberga la máquina de extracción; el tramo central, que aloja el grupo convertidor y los comprensores; y el tramo este, resultado de una ampliación en los cuarenta, destinado a albergar una segunda máquina de extracción que nunca se llegó a instalar para un segundo pozo que nunca se llegó a concluir, habiendo dado como resultado un conjunto de perfecta simetría.

La fachada se halla rematada por frontones escalonados y coronada por pináculos de zinc de estilo art-decó, excepto en el cuerpo este, el añadido en los años cuarenta. El empleo de este material, también usado en la cubierta, no es casual: se debe a la pertenencia de Carbones de La Nueva en ese momento a la Real Compañía Asturiana de Minas, poseedora de la fábrica de zinc de Arnao (Castrillón, Asturias).

La casa de máquinas guardaba gran similitud estilística con otros edificios de la explotación, como la lampistería, la desaparecida subestación eléctrica, conocida como “el submarino” o la iglesia de San Luis de La Nueva, lo que refuerza la idea de conjunto incluso más allá de los límites de lo que hoy percibimos como el pozo.

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Oficinas.

Edificio de oficinas del Pozo San Luis, 1953. Proyecto del arquitecto Don Tomás Acha Zulaica de la Real Compañía Asturiana de Minas, por aquel entonces propietaria de la empresa Carbones de La Nueva.

El edificio destinado a oficinas presenta unos rasgos formales y constructivos bien distintos al resto de los edificios de la plaza, guardando las similitudes con las construcciones del vecino valle del Caudal que con las del Nalón.

Posee una cubierta a cuatro aguas, disimulada por un peto de ladrillo que recorre el perímetro superior y potencia su aspecto cúbico y macizo. Utiliza, con carácter ornamental, la loseta cerámica en fachadas, la loseta de piedra en el zócalo perimetral y el hormigón en los vanos. Los trabajos de rehabilitación efectuados en el año 2010 aconsejaron la retirada de la loseta cerámica de la fachada por su mal estado de conservación. Se conservó de manera testimonial la loseta cerámica de la fachada del lado del Pozo.

Consta de dos pisos, albergando la planta baja los servicios administrativos y la segunda los técnicos, donde se encontraba el Ingerniero Jefe.

El edificio presentaba elementos singulares. En la planta baja se encontraba la pagaduría, con una ventanilla que daba al exterior y por la que se devengaba semanalmente la paga a los trabajadores. En la segunda planta, los despachos de los Facultativos disponían de aseos individuales completos. Además era el único edificio del conjunto con acceso directo desde la carretera exterior.

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Lampistería.

Lampistería / Lamparería del Pozo San Luis, 1934. Proyecto del Ingeniero Director de Carbones de la Nueva, Sr. Arango.

Esta edificación estaba destinada a depóstio, vigilancia, mantenimiento y limpieza de las lámparas de mina. Las lámparas de mina constituyen un utensilio indispensable para el minero desde los inicios de esta actividad, puesto que le dotan de independencia y garantizan su seguridad en la profunda oscuridad que presentan algunas partes de la mina.

Los sistemas de iluminación han variado sustancialmente, habiendo evolucionado desde primitivas lámparas de aceite, gasolina (muy precisas e indicadoras de la presencia de gas “grisú”) y finalmente de batería eléctrica, sistema vigente en la actualidad. Asociado a cada lámpara, existía un testigo físico de la presencia de cada minero en la mina, a modo de ficha, que indicaba quién estaba en el interior, cuestión de vital importancia en caso de accidente. Estas fichas se depositaban en la lampistería y permitían llevar dicha contabilidad del personal, ya que cada minero poseía su propia lámpara. El puesto de lamparero solía estar reservado a mineros mayores o a aquellos que padecían los efectos de algún accidente en la explotación.

Una reforma realizada antaño privó a este edificio de los dos frontones escalonados que remataban sus lados largos, en los que había sendos rótulos con el nombre de su uso: “LAMPARERÍA”. El edificio original guardaba gran unidad formal con la Casa de Máquinas y la Casa de Aseos.

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Casa de Aseos.

Carbones de la Nueva fue pionera en la dotación de espacios habilitados para el aseo del personal. En la actual plaza central de La Nueva existió, a finales del siglo XIX, una simple “piscina” originada al represar el río Samuño, que discurría por allí antes de su soterramiento, donde los mineros se lavaban al finalizar su jornada. En 1911, se sustituyó aquella piscina por una Casa de Aseos propiamente dicha.

El edificio actual de la Casa de Aseos es el resultado de una serie de reformas a partir de un edificio inicial dedicado a central eléctrica. Esta adaptación se llevó a cabo en 1935, aunque posteriormente se le añadieron las escaleras exteriores de acceso al piso superior que hoy presenta.

En cuanto al interior, la ordenación espacial nos habla de la jerarquización laboral y social propia de las empresas mineras, puesto que separaban convenientemente la zona de guardias jurados, vigilantes y personal de alta cualificación del resto de trabajadores, incluso con escaleras, accesos diferenciados y separación interior mediante tabiques.

En la planta baja se encontraban las duchas, los baños y los aseos, ubicándose en la planta superior la zona de calderas y los vestuarios, donde destacan las perchas cenitales (platillos) que pendían del entramado metálico del techo y alejaban la ropa del suelo, permitiendo su secado mediante la calefacción, que también dotaba al edificio de agua caliente.

El vecino Pozo Samuño, antiguo Pozo de Carbones Asturianos, posee la única casa de aseos de planta circular de toda Asturias.

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El botiquín del Pozo San Luis.

La empresa Carbones de La Nueva contaba en 1905 con un hospitalillo situado en el lugar donde actualmente se encuentran los Cuarteles de La Sierra.

En 1920, existía una estación de salvamento que estaba conectada con un ferrocarril que facilitaba el traslado del material de socorro.

En 1930, se integró en la Mancomunidad Sanitaria de Empresas, formada por sociedades mineras de los valles del Nalón y Caudal. Esta estructura, disponía de un excelente centro médico, el Sanatorio Adaro, donde eran atendidos los mineros y sus familias, y que acabó convirtiéndose en referencia en toda la Cuenca Minera asturiana.

Tras la profundización del Pozo San Luis, se construyó el nuevo botiquín de atención primaria en el edificio de servicios auxiliares donde también se situaban el comedor, la carpintería, la fragua y el taller de martillos.

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Socavón Isabel.

Transversal o socavón Isabel, segunda mitad del siglo XIX.

Conserva el muro de mampostería original sobre el que se apoya el arco rebajado de ladrillo macizo que permite el acceso y en cuya clave se puede ver la fecha. Sobre él, destaca el frontón escalonado, también de ladrillo, con moldura de piedra, añadido posteriormente para paliar los efectos de los argayos. El interior del transversal mantiene el muro de piedra con cubierta abovedada de ladrillo durante varios metros, continuando hacia el interior en roca viva.

El socavón Isabel era el segundo piso de las minas de montaña de Carbones de La Nueva y las empresas precedentes, siendo el primero piso el socavón Emilia que, con la construcción del pozo vertical, pasó a ser la primera planta del Pozo San Luis, por donde circula el tren minero. En ambos casos, la función de estos socavones era la de transporte, no realizándose en ellos tareas de explotación del carbón.

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Volvemos el viernes!! 😉

pdt: Textos originales de los paneles informativos a lo largo del recorrido del museo.